En las redes sociales se ve todo el tiempo esa demanda de justicia que tenemos todos los seres humanos. Algo dentro de nosotros ve las injusticias que se cometen y no puede evitar levantar la voz en contra de aquellos que cree incorrecto. Creo que sencillamente así funcionamos, queremos siempre que el bien triunfe sobre el mal, aunque a veces el cinismo se apodere de nuestras opiniones, algo dentro de nosotros aún se alegra cuando la humanidad da señales de bondad y de esperanza.
En ese contexto, hay algo que he visto y me preocupa un poco, es la ligereza con la que se toma el tener esa voz. No porque eso en sí mismo sea malo, sino porque a veces creo que no tenemos el panorama completo y tendemos a estereotipar o juzgar a alguien por un solo "crimen" sin detenernos a pensar como le afectará nuestro comentario, o que los hizo llegar a ese punto.
Una decisión personal que he tomado es la de vivir para luchar por lo bueno, y no en reacción a lo malo. Vivir por aquello en lo que creo (como el amor y la compasión); en vez de en reacción a aquello de lo que pudiera estar en contra. Todas esas ideas me habían estado dando vueltas en la cabeza, sin saber yo como expresarlas, o qué era lo que en realidad me molestaba, hasta que me encontré con la brillante charla de T. E. D. de Katy Hutchison (las puedes ver aquí: http://youtu.be/wcLuVeHlrSs ). Ella tomó una decisión increíblemente valiente cuando su marido fue asesinado sin deberla ni temerla al ir a revisar la casa de un vecino que estaba de vacaciones.
No puedo ni imaginarme cómo se debe sentir eso, de la nada pasar de tener una familia, a ser madre soltera y viuda. Lo increíble de esta historia, y la razón por la que la menciono, es que la mujer al ver a sus hijos, decidió que no quería que vivieran en un mundo de rencor y castigo, y eso la llevó a visitar al joven que había cometido el asesinato, no para acusarlo y reclamarle, sino para ayudarle, perdonarlo y buscar su restauración. Claro que el tipo tuvo que pagar su condena frente a la ley con cárcel, pero durante todo ese tiempo recibió las visitas constantes y la ayuda de la mujer de la que menos se lo esperaba, la esposa del hombre que mató. La vida de ese joven fue transformada, después de salir de la cárcel consiguió un trabajo digno, y se casó. La valentía de Katy ayudó a que un criminal se convirtiera en un hombre de bien. Porque todos tenemos esa capacidad de ser brillantes, de actuar en beneficio de otros.
Creo que como seres humanos, necesitamos darnos cuenta de que estamos en esto de la 'vida' juntos, todos en el mismo barco. Nada te puede asegurar que no seas tú el que necesite ayuda un día, el que se encuentre en el banquillo de los acusados. Obviamente hay consecuencias por nuestros actos, pero la clave está en no etiquetar a las personas, porque todos intercambiamos papeles en una u otra situación a veces; podemos ser "el bully" o "la víctima". Por eso propongo fomentar, no una cultura anti-bullying, sino una cultura pro-restauración del individuo. Castigar a los niños abusivos nos los va a hacer menos abusivos, pero sentarte con ellos y ver la humanidad en ellos; cuáles son sus sueños, que les gusta hacer, cómo se sienten amados; tiene el potencial de librarnos como sociedad de ese tipo de comportamientos.
Elegir perdonar (lo cual no significa que la persona no tenga que pagar por las consecuencias de sus actos), es liberador tanto para el agresor como para la víctima. Elegir amar y buscar el bien del otro a pesar del dolor, tiene el potencial de traer una solución más profunda que el mero castigo. Como sociedad nos beneficiamos de sacar lo mejor de cada persona, en vez de solo acusar su maldad o su acto injusto.